Ludwig Van Beethoven (16/12/1770-26/03/1827)
Nació el 16 de diciembre de 1770 en Bonn. Alemania. Hijo de Johann van Beethoven y María Magdalena Keverich. A los 12 años fue asistente del organista Christian Gottlob Neefe, con quién estudió. En 1787 viajó a Viena, pero su madre cayó enferma, y regresó a Bonn casi inmediatamente. Viaja a Viena por segunda vez en noviembre de 1792 para estudiar con Joseph Haydn. Su padre falleció un mes después y en 1795 sus dos hermanos se reunieron con él. Se ganaba la vida dando conciertos, enseñando piano y con las ventas de sus composiciones. Los miembros de la aristocracia Vienesa fueron sus patrones y en 1809, el príncipe Kinsky, el príncipe Lobkowitz, y el archiduque Rodolfo, le garantizaron un ingreso anual con la única condición de que se residiera en Viena.

Sus obras mas conocidas son Für Elise (Para Elisa), Novena Sinfonía (Himno de la alegría) Fantasía para piano coro y orquesta, Sonata para piano no 29 titulada Hammerkanvier
El 24 de Marzo de 1827, Beethoven recibe la extremauncion y la comunion según el rito católico. Cabe señalar que las creencias personales de Beethoven fueron muy poco ortodoxas. Esa misma tarde entra en coma para no volver a despertar hasta dos días más tarde. Su hermano Nikolaus Johann, su cuñada y su admirador incondicional Anselm Hüttenbrenner le acompañaron hasta su al final. Sus últimas palabras fueron dirigidas al vino del Rin que llegó después de mucho esperar el encargo, que se esperaba surtiera buenos efectos sobre la salud del músico: «Demasiado tarde, demasiado tarde...»
Hüttenbrenner relató los últimos momentos del compositor el 27 de marzo de 1827 de la siguiente forma.
Permaneció tumbado, sin conocimiento, desde las 3 de la tarde hasta las 5 pasadas. De repente hubo un relámpago, acompañado de un violento trueno, y la habitación del moribundo quedó iluminada por una luz cegadora. Tras ese repentino fenómeno, Beethoven abrió los ojos, levantó la mano derecha, con el puño cerrado, y una expresión amenazadora, como si tratara de decir: «¡Potencias hostiles, os desafío!, ¡Marchaos! ¡Dios está conmigo!» o como si estuviera dispuesto a gritar, cual un jefe valeroso a sus tropas «¡Valor, soldados! ¡Confianza! ¡La victoria es nuestra!».